Julia tenía pecas llenando sus mejillas, podías empezar por una de ellas y terminar por la otra punta de su cara habiendo formado su nombre. A veces también era un mapa de deseos. Los cuervos vuelan al atardecer cuando ella sale a regar sus plantas. Siempre amó las regaderas más que a las plantas, quizá porque estaba peor que una de ellas. Sonreía al pensarlo. El lazo en el pelo bailaba con el viento al igual que la ropa colgada en el porche. Un baile fresco, con olor a flores de plástico que salen del suavizante. Los gatos jugaban a tumbarse al sol y a dejar que pasara la vida por encima de ellos. Su pelaje se movía con cada ráfaga de viento, pero ellos no abrían los ojos. Todo estaba en calma. Vivía en una casita pequeña llena de muebles de segunda mano y té de todos los colores. Desde que se contó las pecas se olvidó de cómo se amaba. Un día un hombre dejó esa casa llena de ausencias tras abrazarla por última vez. Desde entonces sólo le consolaba esa escena diaria, los gatos, el viento, la ropa danzando y las nubes que se deslizaban cómo las serpientes, sigilosas. El coche también había dejado de arrancar tras ese día. Como si el mundo se hubiera confabulado en su contra y no la permitiera salir de ese reducto de paz y ausencias. Ya tenía unos cincuenta años bailando sobre sus pecas, y lo que no había olvidado era el baile de las diez de la noche con su viejo tocadiscos. Era casi como un ritual para ahuyentar los fantasmas del pasado que vivían bajo el felpudo. Algunas veces también perdía la mano por algún recoveco de su cuerpo y soñaba con aquella noche en la que le conoció. Whisky, la barra de un bar y los labios más carnosos del mundo. Bailar hasta perder el aliento y dejar la tristeza olvidada a los pies de la cama al igual que el resto de la ropa. Amanecer con cara de locos y las ojeras más felices del mundo, desayunar y volver a la cama, que el mejor desayuno es el amor bajo las sábanas. Ahora mismo estaba sentada en el porche, perdiendo la vista en el sol, que se deslizaba formando un ángulo perfecto con el bosque. Los gatos siguen tumbados, la vida sigue pasando, tranquila por sus manos, que cada vez tienen más arrugas. Sonríe, ha llegado de nuevo otro recuerdo. Es ese porche, dos sillas paralelas, el coche de su marido acaba de llegar, la cena está preparada, esa noche hay celebración, que 25 años casados no se celebran todos los días…

"Hace frío con la ventana abierta, y yo quiero mantener abierta la ventana porque la habitación olía a cerrado, y porque es imprescindible que oigamos el mar y el viento entre los cañaverales y el pitido del tren al adentrarse en el primer túnel de la mañana—, y ahora le pido quedo que no despierte, que se duerma, y me tumbo a su lado, a sus espaldas, y ella despega por fin los labios y gime “no te vayas”, y sé que podré repetir un millón de veces el mismo recorrido suave de su cuerpo con mis manos, susurrar interminablemente las mismas palabras tontas en su nuca tibia, escucharla dormir plácida y a trechos suspirante, mientras espero la muerte con el alba."
El mismo mar de todos los veranos - Esther Tusquets

11 comentarios:

  1. Eso lo escribiste vos? Es admirable como está escrito, me encanta, te juro.

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  2. Que sepas que me has arrancado un escalofrío tremendo

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  3. (sinpalabras)
    La primera foto me encanta :)

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  4. Me encanta lo bien que quedan siempre tus textos con la música que suena al entrar en tu blog. Es una maravillosa "coincidencia!

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  5. Muy lindo el blog!
    Besos de purpurina, ali.
    Una invitación al mío: http://globosagua.blogspot.com/

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  6. Me encanta, es precioso. Admiro tu blog. Escribes realmente bien:)

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  7. Gracias Clementine, aunque no creo merecer tanto, :).

    Me ha gustado mucho esta entrada, me parece que tiene todo lo necesario para ser un buen texto. Lo de la regadera me ha hecho sonreír.

    Las fotos son magníficas, ya he estado paseando por tu Flickr y he visto que no son las únicas.

    Un beso.

    PD: Espero poder seguir escribiendo de tal manera que quieras leer más, :).

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  8. Hola,me gusto mucho tu blog,
    me encanta como escribes,o describes una situación,
    saludos desde la luna.

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Píntame una sonrisa