Aprendes, a levantarte cada mañana y mirarte al espejo,
como el que ve unos ojos que no reconoce,
y aún así sonríe.
Las calles están llenas de desconocidos que buscan algo,
y tú te empeñas en ser como ellos y les sigues, pides
un café, te sientas a ver pasar la vida.
Conoces algún museo, y das vueltas intentando quedarte a vivir
en algún cuadro y que alguien quiera observarte al menos durante
un minuto, queriendo quedarse a vivir contigo.
Y los jardines están llenos de flores y la primavera florece
en esta soledad llena de vida y de ruido, y no hay mucho qué hacer
al llegar a casa.
Memorizar las paredes, el ruido, la furia, aprender
a vivir solo con estas manos.
Te imaginaste tantas veces cogiendo trenes con una libreta en las
manos y las ganas intactas.
Soñaste tantas veces con ser esa desconocida, y
ahora lo eres, y buscas poesía en librerías de segunda mano y sueñas con
que alguien llegue y te arrebate esa tristeza de golpe.
Te olvidas de quien eres en los pasillos de los supermercados y te sientas
en cualquier banco de la calle más preciosa de la ciudad, buscando otros
ojos que quieran mirarte, que quieran quedarse a vivir en ti al menos un minuto.
Y vuelves a casa con los ojos llenos de lluvia, porque en esta ciudad llueve mucho,
pero siempre por dentro.
Te sientas enfrente del lago del parque más grande del mundo y te conviertes en Anna
esperando la casualidad más grande de su vida. La que te haga girar.
Y buscas el momento de coger un tren mágico a París solamente para desayunar en Montmartre
y arrojar la tristeza desde lo más alto de la ciudad.
Dijiste, quiero dar la vuelta al mundo pero sin ti. Y ahora estoy dando la vuelta
al mundo alrededor de mi misma.
(Recuerdo cuando los días cualquiera ibamos a perdernos entre literatura y observaba
como te acercabas y cogías libros, y en tus manos florecían las historias y las
palabras salían a abrazarnos. Y escribías en los márgenes Clementine, con algún
corazón desgarbado al lado. Ahora soy Clementine perdiendo trenes y Montauk está
tan lejos que no recuerdo como llegar. El Big Ben está apagado justo antes del amanecer,
al igual que mi corazón).
Me he visto perdida en los aeropuertos, desorientada sobre
qué avión coger o hacia donde volar si tus brazos se alejan justo en dirección
contraria. Tenía una libreta en la mano con un par de palabras ilegibles, me
había puesto a escribir y me había quedado hipnotizada con el pasillo de
llegadas. Torrentes de personas llenaban los pasillos y abrazos y qué ganas de
llegar y qué bonita la vida. Me imaginé cogiendo un par de trenes, los pies
sobre la maleta, la lluvia y el frío, “este es mi sueño”, esta soledad abriendo
agujeros en el corazón, no. Otra estación de tren llena de gente que sabe a
donde va y yo que no se ni quién soy. Un día cogí un ramo de flores colgándome
de un árbol y me mojé entera, agité el ramo en el aire, todo el mundo me miró. Lo
llevé hasta casa, lo puse en un jarrón improvisado, no pude dejar de mirarlo durante horas. Nadie
está aquí para oler las flores, nunca hubo nadie. Cae la noche en ese sueño, pesan las maletas pero pesa más la vida. Ojala hubiera alguien esperándome, ojala
derribaras todos los impedimentos y te quedaras para siempre. La peor pesadilla
es olvidarme de ti, el tiempo es tan macabro que me hizo olvidar al que me dio
la vida y ahora no recuerdo las arrugas que se formaban alrededor de sus ojos. No
quiero. No quiero que el olvido sea tan terrible y termine quemándonos, en tus
ojos se podía ver el fuego, tú estás quemándonos. Quiero recordarte mirando al
mar cuando te conocí, cuando aún no sabía que íbamos a ser el huracán más
bonito, cuando tenías el pelo más largo y eras más tímido y me mirabas como un
sueño que acababa de hacerse realidad. Estás, aún te tengo, es de noche en
medio de la nada y el frío congela mis pies. Pero te veo frente al mar y comprándome
cámaras de foto de juguete. Sonríe, sonríe, me dices. Yo llevo una falda
vaquera y aún no he aprendido a peinarme y giro en un baile interminable, como
no voy a sonreír. Voy a quedarme muy quieta, atrapando tu recuerdo, es mío, tan
mío, que aparezco caminando por Italia contigo a mi lado, vamos a comprar un
paraguas y un anillo en una tienda de segunda mano para que me quede contigo
para siempre. No lo encontramos. Ahora estamos en Barcelona y hace calor,
estamos tumbados en la arena, no sabíamos que iba a hacer tanto calor. Volvemos
al apartamento y cocinamos macarrones porque no sabemos cocinar otra cosa y la
vida es bella solo porque tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros. Que
la vida acaba de comenzar. La vida acaba de terminar. Sigue haciendo frío y he
vuelto. Sigo desorientada en el aeropuerto y recuerdo que hoy arranqué esas
flores del árbol y la habitación huele a flores. Aquí nunca hay nadie para oler
las flores. Mi vida solo giró completamente una vez y hubo muerte y hubo frío y
el olvido matando todas las plantas y los recuerdos. Mi vida está a punto de girar
otra vez y estoy perdida atrapada en tu recuerdo que mira al mar.
Ojalá encuentres el camino de vuelta.
“He desarrollado
un amor meticuloso por todas y cada una de sus cosas. Por eso me gusta tanto
hacerle la maleta y cargar después con ella como el dueño de un tesoro. El amor
es tan real como el resto de las cosas imaginadas. Como el calor que uno siente
mirando el nombre de las ciudades en las que nunca ha estado. Como el mar en
los mapas, o las pesadillas de los astronautas."
Ray Loriga
Ray Loriga
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