Todos los regalos están envueltos, trocitos de ilusión nadan dentro como un pez que da vueltas en una pequeña percera. Ya están las calles llenas de colores y la esperanza inundándolo todo. Ya comenzamos a desear cosas bonitas para el año nuevo, quiero que a mi gato le crezcan los bigotes, quiero dejar el vicio de arrancar flores y tirar toda la ropa por la ventana. Y entre tanto deseo, esperanza, entre las prisas de las personas comprando los últimos regalos se vislumbra un resquicio de felicidad. Como esa pequeña luz que siempre se cuela por la persiana y acaba cegándote o despertándote. Por momentos siento que camino al ritmo de este mundo, de estas fechas navideñas, y consigo sonreir y contagiarme de la ilusión que todo lo inunda. (Aunque sea ilusión de plástico). Me adapto a estos días e incluso llego a sonreir con las luces azules de los árboles, y me digo a mi misma "Sigue el camino de las luces azules" y llego a tu casa riéndome.En cambio, en otros momentos me pesa el corazón y la ciudad se vuelve triste, tan triste que me apetecería romper todas las bombillas de colores para contarle al mundo que me haceis falta. Y a trompicones, camino entre la luz y la oscuridad de estos días, abrigándome por si entra una ráfaga de aire frío en el corazón y me resfrío. Nadando como ese pececito que os decía antes, a vueltas con la vida, viéndolo todo desde mi pecera. Aún así, os deseo como cada año una Tristeliz Navidad.
Sonreíd, haced lo que os de la gana y disfrutad cada segundo de las pequeñas cosas de la vida. Escribid una lista de deseos mentales y empezad a cumplirlos uno a uno desde hoy mismo.