Viajar sin movernos del sitio.

Tanto girar, tanto llenarnos los pulmones de vida. Las personas en el tren absortas en la rutina de siempre, la gente de la calle mirando siempre hacia el frente, los edificios que nunca se cambian de lugar, el camino que hacen los pies, la música de la calle llenando nuestros oídos, el sol, el sol iluminando.. La vida. Lo importante de decirnos lo que sentimos con los ojos y con las manos. Una cama alejada del mundo en la que el tiempo no pasa aunque las agujas de los relojes se muevan. Tanto girar por dentro, todas las sonrisas que me dibujas, la vida. Planear dar la vuelta al mundo en un globo con provisiones para una temporada, besos, abrazos y café. Querer morirnos de amor entre las nubes, tu espalda interminable. Mano sobre mano, la curva de tu barbilla, dormir en tu ombligo. Tanto sentir, ser la más feliz. Viajes interminables sin movernos de mi edredón. Coger el avión de la lámpara del techo y aparecer en cualquier lugar porque el lugar siempre es lo de menos. Si algún día faltas te buscaré más allá del tiempo, te encontraré donde viven las palabras más bonitas del mundo.
-Celia..
-Que..
Lo importante de valorar estos momentos, en los que no importa nada ni nadie, solo el ahora. Siempre seré Clem, loca irracional, pero esta vez sin querer borrar ningún recuerdo. Nos vemos cada día para comernos por dentro.

50 horas después..

50 horas después seguían juntos. El comienzo de la historia fue inesperado, pero es cierto que las mejores cosas aparecen siempre sin avisar. Sus primeras fotos juntos habían salido de una cámara de plástico, una noche de verano en la que sólo importaba sonreir. Ahora, más de 80 días después la felicidad se notaba en el ambiente. Había pompas de colores que reflejaban las luces del atardecer, un banco de madera al lado de un río.. por el que discurrían sueños. Por más que se había resistido estaba cayendo y sin remedio. Sonreía sin motivo. Y eso es lo peor o mejor que te puede pasar. Siempre había un diálogo de película para describir el momento "Que suerte hemos tenido al encontrarnos" El mar por la noche contaba los secretos que absorvía durante el día, el café por las mañanas era el mejor del día. Le traía una bandeja llena de besos cuándo amanecía, y al final se desayunaban sin abrir la persiana. Al salir a la calle, todo era de otro color, de mejor color. Los susurros se perdían entre los libros de aquel salón desde el que se veía el mar. El agua de la ducha resbalaba por dos pieles a la vez, y el espejo del baño era mágico. Aparecían letras que juntándose formaban las palabras más bonitas del mundo. Siempre hasta quedar sin aliento, cada minuto más felices. Y 50 horas después comenzó a llover, recordándonos que estamos más vivos que nunca. Que las historias que comienzan así son las que nunca tienen final. No importa las veces que resbalemos, lo que perdamos por el camino, si el tren va o viene, lo importante es saber qué tenemos y valorar cada momento. Y este sin duda es especial. Hasta dentro de diez mil años..